Un corazón roto

 ¿Como es un corazón roto?, ¿y cómo se rompe?; ¿grita al resquebrajarse?, ¿dónde caen los pedazos rotos?.

No fue la primera decisión importante de mi vida, ni la segunda, pero sin duda la que más me ha roto.

Al caminar escucho el tintineo de los pedazos chocando entre sí, aunque desconozco dónde están acumulados.

No es sólo el ruido, es el roce de los trozos, las heridas que provocan los mismos.

A lo mejor los trozos de corazón roto son como las piezas afiladas de pedernal que usaban nuestros ancestros para limpiar las pieles de los bisontes.

O a lo mejor un corazón al romperse se hace añicos, como un vaso que estalla al estamparse  contra el suelo; cientos de pequeños cristales diminutos y afilados que dejan el alma llena de punzadas. Esquirlas que quedan en los repliegues del alma.

También puede ser que se parezca más a andar sobre el caos de un alfiletero desperdigado por una alfombra.

¿Sufrirá el corazón al romperse como lo hace el alma?, ¿sentirá ese dolor profundo e inquietante? , o quizás sólo se rompe y ya está... ¿Sentirá esa profunda tristeza que te quita las ganas de seguir?

Pero, ¿cómo se rompen los corazones?, ¿se van fatigando poco a poco con los golpes de la vida o es algo repentino y explosivo?

Querría saber si las penas pesan, si hacen el caminar más lento y si modifican los latidos y su ritmo.

Yo desde luego me siento así. Siento como si llevara una mochila cargada de ladrillos que me impide respirar con normalidad. Ladrillos de tristeza, de pesadumbre, de añoranza, de carencias emocionales, de inquietudes.

Ladrillos que habían comenzado a construir una pared de deseo y proyectos, de futuro feliz.

Y no echo la culpa a nadie, en todo caso a mí mismo, pero esa pared está ahora derrumbada.

Y ahora me siento cayendo al vacío, y me pregunto si merece la pena vivir.

Venimos al mundo sin quererlo, sin que nadie nos pregunte, y nos ponen pegas para irnos. En muchos casos  si te vas voluntariamente estás condenado al infierno.

Siempre, si te vas porque quieres es un problema legal y puedes meter en líos a las personas que quieres.

El sistema te obliga a vivir aunque no te facilite el pleno hecho de vivir. Es un sistema que va añadiendo peso a ese corazón nuestro, que lo bloquea y lo maltrata.

El sistema es el gran enemigo del corazón. O, ¿quizás lo seamos nosotres mismes?

El sistema te hace promesas que no puede cumplir, te marca objetivos inalcanzables. Propone situaciones irrealizables, utopías. Es un sistema que banaliza el amor y la verdad, que no tiene en cuenta los sentimientos verdaderos. El sistema castiga la empatía y la solidaridad y ensalza el hedonismo y el egoísmo. No vales nada si no sigues las reglas impuestas.

Te sitúa fuera, te quita derechos, te minimiza y finalmente te deja tirado en la cuneta..

El sistema no quiere sentimientos, no quiere hermandad.

La lucha despiadada entre iguales es lo que le viene bien, porque así no se rompe.

El sistema no lee utopías, sino al contrario, escribe distopías. Se alimenta del dolor, de las decepciones, de las vergüenzas propias y ajenas, de la situación precaria de la inmensa mayoría.

No quiere enseñarnos a pensar, a sentir. Le viene mal el autoconocimiento, la comunicación con los demás, el respeto.

El sistema odia las risas sinceras y la alegría, y se esmera en imponer las bromas derivadas de los "defectos" de los demás, en fomentar la lucha intestina entre iguales.

El sistema ama las tarjetas de crédito, las deudas, las compras de productos absurdos fabricados bajo el yugo de la esclavitud laboral. Nos quiere esclavos productivos y exacerbados consumistas. No quiere que pensemos, no quiere personas críticas ni ideas propias. No les gustan las individualidades y le importan una mierda los corazones rotos...

Mi corazón lo tenía claro. No soportaba la cerrazón y la estrechez de mentes de quien pululaba a mi alrededor. Le quemaban las opiniones deshumanizadas y los comportamientos abyectos de la sociedad en general.

Y no, no me refiero a cuestiones éticas o morales que afectan a un individuo. A mi corazón le da absolutamente igual quién se acuesta con quien, a quién aman otras personas; en estos casos lo importante es la felicidad de esos otros corazones.

Me refiero al funcionamiento de la sociedad como tal.

¿Cómo somos capaces de aguantar sin inmutarnos una violación, una guerra, la violencia extrema que nos inyectan a diario vía medios de comunicación?. ¿Cómo somos capaces de aguantar sin inmutarnos un genocidio?

¿Cómo somos capaces de huir de todas estas penurias?, ¿quizás hay personas que nacen ya con el corazón roto?

Existe diferencia de tamaño entre esos corazones y los que nacen enteros?

Puede ser que sean más grandes y no aguantan su propio tamaño. O quién sabe si al revés, es que son más pequeños o están vacíos y esa fragilidad no aguanta al venir al mundo.

Hay corazones rotos que caminan por la vida apenados y compunguidos, que se mantienen en pie por la propia inercia de la vida; corazones afectados por lo que les rodea.

Hay corazones rotos que van por la vida como un elefante por una cacharrería. Criticando, juzgando, insultando, sin respeto a nada ni a nadie, porque no les afecta.

Son roturas diferentes. Unas personas nacen así, y a otras se nos rompe el corazón a medida que entendemos la vida. Te das cuenta que a veces el esfuerzo no sirve para nada, que da igual lo que hagas porque hay infinidad de factores que le superan a uno; para cumplir sueños también hay que tener suerte.

¿Merecerá la pena seguir?


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